entrada por: Aurora CH
Como escritores nos es imposible no pensar en el lector al momento de escribir. ¿Esto les gustará? ¿Será lo suficientemente interesante, entretenido? ¿No es muy complejo?
Porque es verdad que nos gusta decir que el acto de la escritura es por y para nosotros mismos, pero eso no es del todo cierto, siempre habrá dentro de uno ese sentimiento dedicado a aquel que se toma el tiempo de ojear nuestras letras.
Por ello, al momento de enfrentarse a la hoja en blanco surgen muchas dudas, desde el tema que elegimos, hasta cómo lo contamos, pasando por los escenarios que narramos y llegando a los personajes. Un elemento muy importante en la narración pues son los que van a acompañarnos a lo largo de la historia y los que nos permitirán conectar con ella.
Los personajes son un elemento con el que el lector conecta fácilmente, ya sea porque se identifican con ellos o porque los admiran, les permiten adentrarse en la historia y seguirla con interés pues quieren conocer el desenlace del viaje del protagonista.
Al elegir qué tipo de personajes serán los protagonistas de tu historia viene otro dilema, existen tantos y tan variados que a veces es complicado decantarse por uno solo, sin embargo, a pesar de toda esta incertidumbre hay una buena noticia, un pequeño secreto: estos variados tipos de personajes tienen una estructura fija que puede adaptarse fácilmente a tu historia.
¿Cómo?
Elaboremos más, la mayoría de los personajes que vemos en historias, antiguas y contemporáneas, son diferentes versiones de estructuras que se escribieron hace tiempo. Por ejemplo, pensemos en Romeo y Julieta, dos personajes que no se conocen en lo absoluto, pero basta con que se encuentren una sola vez para que el amor más fuerte surja. Se convierten en los amantes, y no solo eso, con el desenlace de la obra viene otra estructura que queda fija: los amantes trágicos. ¡Claro! Seguramente ya pensaste en varios por ahí: Katniss y Peeta, Daenerys Targaryen y Jon Snow, Bella y Edward, etc.
Otra estructura fija que podemos encontrar en la literatura es la de El héroe, el personaje que es valiente por naturaleza y que cuando debe enfrentarse a una situación trágica, peligrosa, lo hace sin miedo, contando con todas las habilidades necesarias para salir victorioso de esta sin siquiera haberse preparado. A esto se le conoce como El Monomito, término acuñado por el mitólogo Joseph Campbell en su obra El héroe de las mil caras, pero, ¿qué tiene que ver con el héroe? El monomito es usado por Campbell para describir todo el desarrollo por el que pasa el héroe como personaje a lo largo del relato, es decir, el viaje que realiza el personaje principal de la historia, así es, el viaje del héroe.
Entonces, ¿en qué consiste este viaje? Primero el héroe tiene que encontrarse en un contexto considerado ordinario, siéndolo también él, un sujeto que no tiene habilidades especiales o sobrenaturales, es simple y común. A partir de una situación o una llamada, se ve forzado a dejar su hogar y lo que conoce para adentrarse a un mundo completamente desconocido y amenazante, en el cuál se enfrentará a pruebas y antagonistas que lo harán evolucionar y crecer cada vez más. Al sobrevivir a estas, el héroe obtiene una recompensa, generalmente es un don especial o una especie de bendición que cambia por completo su persona, entonces debe decidir si regresar a su hogar ya con este nuevo favor consigo. En el camino también se enfrentará a varios peligros finales en los que, si triunfa, puede darle uso al regalo que se le dio para un bien común. Campbell identifica diecisiete etapas del monomito, pero es verdad que no todas se cumplen en todos los relatos, algunos hacen uso solo de las tres principales en las que se suele dividir este viaje, las cuáles son: La llamada, La iniciación y El Retorno.
Ahora puedes identificar a cualquier personaje heroico en tus novelas o películas favoritas, desde los clásicos como Jasón, Hércules y Prometeo, hasta los más modernos como Harry Potter, Frodo Bolsón, Luke Skywalker, incluso varias princesas de Disney, como Moana, Elsa de Frozen, Mulán, entre muchos otros.
Y no solo puedes identificar este arquetipo, sino que también ahora puedes hacer uso de él y adaptarlo a esa historia que tenías guardada porque te era imposible lograr dar con el protagonista ideal.
Recuerda que si estás sufriendo por falta de ideas o inspiración la historia literaria siempre te respaldará.
¡Buena escritura!