entrada por: Mariana Bracho
¿Cuánto tiempo ha pasado desde tu primer acercamiento con el Escribiembre? Seguro que ya llevas un rato escribiendo en las consignas mensuales, como libres tintas, has asistido a las transmisiones de kick y a las de autor del mes, incluso has escrito en el reto el mes de noviembre pero, ¿Sabes cómo comenzó todo?
La historia de Escribiembre comienza a mediados de 2019, cuando recién terminé mi carrera universitaria. Durante ese tiempo, —incluso a principio de la carrera—, escribía muy poco. Empecé a incursionar en la poesía y me entró la necesidad de comprometerme con mis letras. Ese sentido de compromiso era conocido para mí, más la sensación de hacerlo distinto resonada en mi interior. Si lo hacía en solitario desistiría de mi compromiso, como en veces anteriores, así que con la inspiración del Escapril, decidí crear mi propio reto de escritura.
Tenía en mente una cosa: Instagram. En ese momento me familiaricé con la plataforma, disfruté del formato 3x3 y decidí que ese lugar sería el idóneo para darle comienzo a la aventura. Dicho formato me incitó a buscar un mes con treinta días, a fin de la estética de la cuenta. Para ese momento, Agosto estaba llegando a su fin, así que valoré mis posibilidades: “Septiembre tiene treinta días, pero es muy pronto. Octubre tiene 31, Diciembre también… Tendrá que ser Noviembre”. Así fue cómo tomé la decisión de elegirlo en el penúltimo mes del calendario.
Acto seguido, debía buscar un nombre. “¿Cómo puedo crear un nombre? ¿Cómo puedo unir el arte de la escritura, de escribir, con el mes de Noviembre?” Siempre diré que ser disléxico tiene su lado creativo, puesto que descompuse las palabras de modo que sus sílabas me dieran la respuesta: Escribiembre.
Una vez tenido el nombre, me asaltó una cuestión: “¿Y cómo será el reto de escritura?” Sabía que no quería hacer lo que Savannah Brown hizo —y hace— con su Escapril: dar consignas basadas en tópicos o en la popularidad musical. Yo quería encontrar algo que tanto me enriqueciera a mí como a los demás. Fue casi instantánea la respuesta que me di a mi misma porque ya sabía por dónde: hacer un listado con palabras poco utilizadas y/u olvidadas de la lengua española. Me sentí convencida pero algo me faltaba, un incentivo para motivar a los participantes.
En ese mismo año incursioné en la encuadernación; tuve un proyecto de libretas artesanales con enfoque sustentable y ver la unión de ambos proyectos me resultó fantástico. Sentía que unía las piezas de un rompecabezas en blanco pero que, con cada unión, se teñían de colores. Sentí tremendo orgullo al sentir que la idea iba tomando forma, que el proyecto estaba dirigiéndose al sentido del corazón. Y fue ese sentido del corazón el que me dijo: ¿Y cómo lo vamos a difundir? ¿Cómo haremos que las personas se atrevan a escribir?, y lo más importante, ¿Cómo me cercioro que después del reto la gente siga escribiendo?
Al no tener una comunidad establecida pero sí un pequeño círculo de artistas —y mujeres que admiro—, opté por confiar y aventurarme a un nicho desconocido. Fueron esas mismas mujeres que inspiraron la paleta de color (rosada) y el enfoque de feminidad que estaba muy presente en ese momento de mi vida.
Ese primer año, recuerdo, fuimos diez participantes al día uno, pero sólo seis terminamos el reto. Me sentí muy emocionada y agradecida al ver que no hacía el reto sola, había mujeres escritoras escribiendo conmigo.
Al siguiente año sentí que era necesario hacerle su espacio al Escribiembre, crearle una casita dentro de las redes sociales y fue ahí cuando creé sus cuentas de instagram y facebook respectivamente. Diseñé la imagen de la edición con una temática: escribir en cualquier parte. La idea se remontaba a no esperar el momento preciso para escribir, sino que si sentías la necesidad de escribir, que lo hicieras. Así nació la segunda edición con tonalidades verdes. En ese primer año, en 2020, alcanzamos los 600 seguidores; me pareció mágico, surreal, ver países como Venezuela, Argentina, Colombia y España siendo parte de la aventura.
Para el año 2021 decidí dar un paso más fuerte. En mi vida personal atravesaba un momento de descubrimiento ideológico—emocional el cual me inspiró a meter un tercer propósito al proyecto: hacer del reto una exploración artístico—introspectiva. Con ello me referí a escribir sobre lo que normalmente no se escribe, de explorar géneros, formas de expresión, de explorar fuera de la zona de confort. Aquella edición me brindó, con sus colores azules y morados, la llegada de los 1,000 seguidores y yo le brindé un pensamiento: ¿Y si hago crecer al equipo?
Al mencionar “equipo” sólo éramos el Escribiembre y yo contra el mundo y, para entenderlo volveré a la segunda edición, a inicios del 2021. La misma comunidad buscó tener un espacio de interacción para conocerse; así nació Desversando, el espacio de reunión de los artistas para compartir sus gustos literarios. Cuatro chicas fueron constantes, Carmen, Alove, Jiba y, mi más grande apoyo, Dany. Ellas fueron las miembros que vieron evolucionar a Desversando al Comité Desversando cuando les hice la invitación de adentrarse conmigo a la aventura del Escribiembre. Plot twist, todas aceptaron.
Para el año 2022 la planeación comenzó a ser diferente; es decir, ya no era la única que tomaba las decisiones, ya éramos un equipo que contemplaba cada aspecto de creación. Esa edición fue muy difícil ya que nos descubrimos como artistas, como colaboradoras y como mente creativa, además de que incursionamos a la versión en inglés del reto: Writevember. Esta edición nos enseñó mucho de nosotras y de qué tan rígidas somos con nuestras decisiones, nuestros pensamientos y qué tan comprometidas estábamos con la labor. Para el reto de ese año alcanzamos 1,200 seguidores pero más de 100 personas escribiendo de tantos lugares nuevos, como: Perú, República Dominicana, Uruguay, Chile y Honduras.
Al año 2023 opté por hacer cambios al Comité Desversando, la experiencia que tuvimos como equipo me hizo replantear lo que todas necesitábamos trabajar y si bien era indiscutible el interés de hacer crecer al proyecto, nunca lo enfocamos a la necesidad del reconocimiento y el egocentrismo. Escribiembre es nuestro bebito y lo queríamos forjar con cada parte de lo que somos, tanto artística como personal. Aquello me hizo dar el paso de invitar a más gente a participar en el y de algo estaba segura, no incluiría a personas que no hubiesen participado en el reto.
Así fue cómo se unió al equipo Margot, un pilar imprescindible para la creación del contenido de lengua inglesa. Buscamos hacer del proyecto un espacio con mayor sentido de comunidad, y fue así que la quinta edición nos llevó a ese gran cambio. La comunidad empezó a hacerse más fuerte, más presente, más fiel a nosotras con las dinámicas de libres tintas, las transmisiones en kick o en instagram, los talleres de escritura, entre otros. Esta edición nos hizo salir de los parámetros previamente establecidos, nos hizo explorar, ir hacia lo desconocido, reconocer en dónde estamos flaqueando y recordarnos por qué es que hacemos lo que hoy hacemos con el proyecto.
Hoy, que seguimos escribiendo la quinta edición, se nos unieron más miembros al equipo: Auro y Tlanesi (quien fue nuestro jurado en 2023), miembros que hacen del Comité Desversando el lugar de concentración creativa más grande del que he sido parte. Me siento muy orgullosa del equipo.
Cuando comencé este proyecto, me ideé una frase para englobar todo lo que mi corazón quería expresar respecto al Escribiembre: creamos historias entre versos, y me parece fascinante que todo lo que comenzó con una idea para no desistir de mis letras se convirtiera en lo que hoy es: un espacio seguro para artistas que aún les cuesta confiar en su arte, un espacio que brinda seguridad, apoyo y acompañamiento en el proceso artístico, un espacio con una comunidad sana, que apoya al otro. Me es un honor estar contando contigo nuestra historia entre versos. Y deseo que sigamos escribiéndola hasta que nuestros tinteros no tengan más por decir.
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paseo de la fama (ediciones del escribiembre al 2023)
